El viaje de Annelie.

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La niña de ojos claros y piel pálida miraba triste por la ventana, pronto se dio cuenta que su madre ya no regresaría jamás. Aquella noche, como otras tantas, llovía como si el mundo fuera a terminarse. Pero no era una noche cualquiera, era su cumpleaños, y creo recordar que cumplía ocho, pero tal vez me equivoque.

-Querida Annelie, debes abandonar este lugar. Es peligroso- le dijo su amigo Naso; que en realidad era un viejo y descolorido peluche de una jirafa que tenía un ojo descosido. Ella lo había encontrado abandonado en banco de un parque de la ciudad, y no tardaron en hacerse amigos.

-Tienes razón querido Naso; prepara tu maleta que ya nos marchamos.

Ellos tampoco regresarían allí jamás.

Álvaro Hernández

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